Francisco de Quevedo y Villegas, soneto a una nariz. (Barroco, Conceptismo)

Francisco de Quevedo y Villegas

A una nariz
Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.

Era un reloj de sol mal encarado,     5
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.

Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,        10
las doce Tribus de narices era.

Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito.

            1.-Introducción.                                                                                                                             

El poema que vamos a comentar lleva por título ‘A una nariz’ y fue compuesto por Francisco de Quevedo en el siglo XVII, en pleno Siglo de Oro. Quevedo se caracteriza por la diversidad temática que abordó a lo largo de su azarosa vida. En este caso el poema tiene una evidente intención cómica y satírica.
Según parece este soneto está dedicado a Luis de Góngora principal competidor de Quevedo en la república de las letras. Son conocidos los múltiples ataques que ambos se dedicaban a través de este tipo de composiciones. Éste posiblemente sea el más conocido en la actualidad.
El autor embiste contra Góngora tildándolo de judío y narigudo, tópico prejuicioso achacado a los que profesaban esta religión que, recordemos, en aquella época era perseguida y castigada por el estado, a través de la Inquisición. Es evidente que la palabra nariz es omnipresente a lo largo del poema: incluyendo el título aparece nueve veces, bajo múltiples formas, como sustantivo o adjetivo, recurriendo incluso a creación de palabras de la mano del autor como ‘naricísimo’ o ‘narizado’. En los primeros siglos de la modernidad la llamada Limpieza de Sangre era considerada pilar básico del honor. Tener un antepasado judío, musulmán o converso era más que suficiente para quedar bajo sospecha de la justicia.

            2.- Métrica.                                                                                                                                   

El soneto, métrica elegida en esta composición, es considerado como el verso clásico por excelencia. Está compuesto por dos cuartetos y dos tercetos, por lo tanto catorce versos en total, de Arte Mayor (más de ocho sílabas) ya que todos los versos son endecasílabos (once sílabas). La rima en los sonetos es consonántica, y también lo es en el siguiente salvo la única excepción constituida por la del verso décimo, “Egipto”. No obstante la forma coloquial o popular del nombre del país africano era“Egito”. El esquema métrico de la rima sería por lo tanto: ABBA, ABBA, CDC y DCD.

É/ra/se_un/ hom/bre_a_u/na/ na/riz/ pe/ga/do   11        A
é/ra/se_u/na/ na/riz/ su/per/la/ti/va                    11        B
é/ra/se_u/na/ na/riz/ sa/yón/y_es/cri/ba             11        B
é/ra/se_un/ pe/je_es/pa/da/ muy/ bar/ba/do      11        A

E/ra_un/ re/loj/ de/ sol/ mal/ en/ca/ra/do           11        A                     5
é/ra/se_u/na_al/qui/ta/ra/ pen/sa/ti/va               11        B
é/ra/se_un/ e/le/fan/te/ bo/ca_a/rri/ba               11        B
e/ra_O/vi/dio/ Na/són/ más/ na/ri/za/do            11        A

É/ra/se_un/ es/po/lón/ de_u/na/ ga/le/ra           11        C
é/ra/se_u/na/ pi/rá/mi/de/ de_E/gip/to              11        D                     10
las /do/ce/ Tri/bus/ de/ na/ri/ces/ e/ra              11        C

É/ra/se_un/ na/ri/cí/si/mo_in/fi/ni/to                  11        D
Mu/chí/si/mo/ na/riz/ na/riz/ tan/ fie/ra              11        C
que_en/ la/ ca/ra /de_A/nás/ fue/ra /de/li/to     11        D

Cabe destacar el ritmo interno del poema basado en el final de todos los versos en palabras llanas y una presencia mayoritaria de forma ‘Érase’, esdrujula, o ‘era’ seguido de una llana o monosílabo, que sigue haciendo el mismo juego rítmico.
La independencia de los versos subraya esta idea, y su estructura repetitiva de verbo + sujeto + atributo, contribuye a crear una cadencia constante a lo largo del soneto. Este persistente paralelismo de la estructura redunda en beneficio del ritmo poético.

            3.-Comentario                                                                                                                               

Quevedo, como buen exponente del Barroco y, más concretamente, como gran conceptista, se muestra aficionado a distintos juegos de palabras. Muchos de los versos que vamos a comentar presentan dobles sentidos que o expresiones disémicas (dos significados).
Se observa en este soneto que cada verso es independiente del anterior y del siguiente, salvo los versos 13º y 14º, los únicos que presentan un leve encabalgamiento.
El autor toma en cada uno de los versos un objeto que asocia mediante una metáfora al tema general del poema, la gran nariz judaizante de Góngora. Asimismo aprovecha para, de un modo irónico, darnos una visión los más satírica posible gracias a los dobles sentidos que adquieren sus juegos de palabras. Son constantes las alusiones a mitología, cultura clásica, u objetos más cotidianos que suelen ofrecer las dos lecturas que decimos, una más evidente y otra más sutil.
Pasemos por tanto a intentar desentrañar el significado de los mismos.

Representación de un sayón en un paso.


El soneto arranca con una hipérbole cómica mediante la cual imaginamos una gran nariz a la que un hombre ha sido adosado. Como si el individuo no se caracterizara por poseer una nariz, sino a la inversa, es la propia nariz la que es seguida por un humano. Describe seguidamente la nariz como ‘superlativa’, el grado más elevado; no hay nariz mayor. Esta idea del superlativo vuelve a ser retomada en los versos 12º y 13º con ‘narícisimo infinito’ y ‘muchísimo nariz’, respectivamente.
El primer caso de doble sentido aparece en el segundo verso: “nariz sayón”. Cabe entenderlo como una nariz en forma de sayón o saya grande, especie de camisa utilizada larga y ancha, de apertura acampanada en su parte inferior, y, a su vez, alude a los sayones o judíos que prendieron a Cristo. En otro soneto de igual temática Quevedo cita ‘tiene de sayón la rebeldía’. Acaso en éste también, de paso, quiera hacer alusión al carácter rebelde de su contrincante literario. El segundo sustantivo de este verso ‘escriba’ vuelve a presentar otras dos alusiones distintas: Por un lado tal vez describa la postura inclinada de quién escribe reiterando el carácter descendente de la nariz, tal y como lo vuelve a citar en el verso 6º (‘alquitara pensativa’); por otro puede aludir al oficio de escribano, donde destacaban los judíos, e incluso al intérprete o maestro de la ley entre los hebreos. Rabino significa ‘maestro’ en hebreo. Las alusiones a lo hebreo vuelven a aparecer en los versos 11 y 14.
En el tercer verso la palabra peje – antigua forma de ‘pez’ – habla del pez espada, característico por su protuberancia ósea y utilizada como arma. La nariz es según esta metáfora, alargada, afilada y peligrosa. Pero según el D.R.A.E. ‘peje’ tiene como segunda acepción la de ‘hombre astuto’, y ésta puede ser la segunda interpretación del juego de palabras.
El verso puede recocorrer, pues, por dos caminos: El sentido inmediato es el siguiente "aquel peje, de barba y espada poseía una gigantesca nariz que le hacía semejante a un pez espada". Pero cabe pensar que la intención no es otra que la siguiente: "aquella nariz era como un pez espada dotado de grandes aletas anteriores o barbas, en resumen: "una larga nariz por cuyos salen abundantes mechones de pelos".
Pasamos a un quinto verso pleno de sugerencias. La mención del reloj de sol evoca claramente a la nariz hiperbólica. Pero la calificación de tal reloj como “mal encarado” abre varias posibilidades:
-         "mal orientado", es decir desviado o torcido, como torcida estaría la nariz.
-         "no orientado al sol " y por tanto sombrío. Lo cual también restaría de utilidad alguna, ya que un reloj de sol colocado en la sombra de poco o nada serviría. Solapadamente habla de algo totalmente inútil.
-         "de mala cara, o mal gesto".
El individuo retratado, pues, parecía un reloj de sol, cuya aguja (de larga nariz) seguía una dirección inhabitual, y era al vez, sombrío y de mal gesto, y de paso inútil.
La alusión metáfora del siguiente verso, el sexto, es evidente. La alquitara – recipiente utilizado para la destilación de licores – se caracteriza por un tubo saliente y curvado, pero, como ya se ha dicho, y utilizando una clara personificación, además muestra una actitud pensativa, por tanto aún más inclinada.
El séptimo muestra una metáfora nada sutil, en principio, ya que si por algo se caracteriza un elefante es por su trompa, es decir una larga nariz. Pero bajo esta figura tal vez se esconda algo más.
"Un elefante boca arriba" sugiere algo descomunal, pero "boca arriba" no sólo significa "con las patas por alto" sino "arriba, por encima de la boca". Así que la nariz era tan monsturosa como un elefante boca arriba y el dueño de la misma más arriba de la boca era como un elfante, porque su nariz era tan grande como una trompa.


Publio Ovidio Nasón, autor de las Metamorfosis

No conforme con lo dicho hasta ahora, Quevedo aporta una referencia a la antigüedad clasica en el verso que sigue. El vilipendiado protagonista sería “más narizado” que el propio Ovidio, cuyo nombre completo era Publio Ovidio Nasón, ya que los nombres romanos constaban de tres partes: el praenomen o nombre del individuo, el nomen, apelativo de la familia a la que pertecía y el cognomen o sobrenombre con el era conocido dicho individuo. En el caso del escritor romano Nasón no significa otra cosa que “narigudo”.

El primer terceto aporta sucesivamente claras imágenes metáforicas de igual intención:

Galera dotada de espolón en la parte de proa

- “El espolón de una galera”: Gran ariete afilado que remataba la proa de las galeras destinada a las maniobras de ataque y abordaje de las naves enemigas.
- “Una pirámide de Egipto”: Citando la única de las siete maravillas de la antigüedad que ha llegado hasta nosotros, sobresaliente por su magnitud y su forma, precisamente, piramidal.
- Y la alusión a las Doce Tribus de Israel, los ancestrales pueblos que formaban la nación hebrea, que Quevedo supone igual de judíos que “narigudos”, teniendo el aludido protagonista tanta nariz como todos los integrantes de todas las tribus juntos.
El segundo y último terceto ataca con una nueva hipérbole y un nuevo superlativo “naricísimo infinito”, una verdadera nariz sin fin que acaba por confundirse con el horizonte, para rematar con un último superlativo “muchísimo nariz”, expresando que todo él es eso, una nariz… y además es fiera, rescatando la idea del cuarto verso, una nariz peligrosa y amenazante. La oración sigue en el verso final mediante el único encabalgamiento del soneto: es tal la nariz, verdadera protagonista del soneto, que en el rostro de Anás, sería un verdadero delito. Anás fue Gran Rabino del Sanedrín de Judea en siglo I, que participó en la persecución, captura y crucifixión de Jesucristo y sus seguidores. Se trata por consiguiente de un célebre judío; igual de célebre que malvado a los católicos ojos de Quevedo. Pues bien, la nariz es demasiado grande “incluso para este conocido y maligno judío”. Pero nos podemos temer que la referencia a este personaje no es casual, ya que recurriendo a una falsa etimología “A-nas” bien podría traducirse como “no-nariz” o “sin nariz”. Es decir, que su nariz es tan gigantesca que el propio Anás a su lado, parecería chato.

Para concluir diremos que este soneto se caracteriza por un profundo odio hacia su adversario cargado de un furibundo antisemitismo expresado de una manera satírica, por no decir despiadadamente cítrica, lleno, eso sí, de referencias cultas y profanas, que esconden dobles juegos semánticos que nos exigen la máxima atención para que podamos captar la totalidad de los giros, a veces evidentes, otras sugeridos, cuya inteción es la sátira a costa del otro grande de las letras castellanas, Luis de Góngora.